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Periodista y fotógrafo. Vegetariano en la era de la carne, ateo bajo el reino de dios.
Ex cantante de Jirafa Ardiendo. Por necesidad robé basura de los estudios Abbey Road.

Pespi y los políticos

El Saqueo
¿Qué sucede en una sociedad donde tener y consumir es ley y mandato con lavado de cerebro? 
¿Qué pasa en un país donde la desigualdad económica y educativa es enorme? ¿Que ocurre cuando una parte importante de chilenos creen que la injusticia social es el pan del que tienen que comer todos los días? Ladrones existen en todas las sociedades, pero los famosos saqueos en nuestro Chile tienen una dimensión un poco más profunda de lo que muestran algunos medios.
Foto: Alejandro Pino Damke

El Saqueo

¿Qué sucede en una sociedad donde tener y consumir es ley y mandato con lavado de cerebro? 

¿Qué pasa en un país donde la desigualdad económica y educativa es enorme? 
¿Que ocurre cuando una parte importante de chilenos creen que la injusticia social es el pan del que tienen que comer todos los días? 
Ladrones existen en todas las sociedades, pero los famosos saqueos en nuestro Chile tienen una dimensión un poco más profunda de lo que muestran algunos medios.

Foto: Alejandro Pino Damke

Arriba de un jeep a toda velocidad, entre Punta Arenas y Puerto Natales, le disparé a esta magnífica casa rodeada de nieve y hielo. 

Arriba de un jeep a toda velocidad, entre Punta Arenas y Puerto Natales, le disparé a esta magnífica casa rodeada de nieve y hielo. 

“Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos. Es la edad de la sabiduría, y también de la locura. Es la época de la fe, y también de la incredulidad, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Lo tenemos todo, pero no somos dueños de nada, caminamos derechito al cielo pero tomamos el camino a otro lado. En fin, esta época es tan parecida a todas las épocas, que nada de lo que aquí voy a contar debería, en realidad, sorprendernos. Nada. Ni el perdón, ni la venganza, ni la muerte, ni la resurrección”. Charles Dickens, Historia de dos ciudades. 1859.

"Ahora bien, ¿qué es el Salario Mínimo? Según el Código Laboral (Art 249º) tiene que ser el suficiente para satisfacer las necesidades normales de la vida del trabajador y su familia consistente en alimentación, habitación, vestuario, transporte, previsión, y cultura y recreación. ¿Podemos cubrir todas estas necesidades con los $172.000 que ahora tenemos?

En una familia de cuatro personas, donde sólo una persona trabaja y dos hijos estudian (como sucede normalmente en las familias más vulnerables), el gasto mensual sería de: transporte $46.400, luz $20.000, agua $10.000, gas 30.000, alimentación (si solo consideramos el pan) $36.000. Sumamos $142.400 y le quedan $30.000.

¿Qué harán? ¿Almorzarán? ¿Desayunarán? ¿Tomarán onces? ¿Necesitarán materiales para estudiar sus hijos? ¿Cómo adquirirán su vestuario? ¿Cómo capearán este frío invierno? ¿Cuál de estas necesidades básicas priorizarán con los $30.000? ¿Y si se enferma alguno de ellos? ¿Y si no tienen casa propia o tienen que pagar dividendos? Para qué hablar de cultura y recreación, para eso nunca alcanzará."
La introspección de Piñera

Nuestro presidente tiene que calibrarse. Debe tomar las movilizaciones de los estudiantes como una oportunidad para cambiar su propia visión del valor del ser humano. Sintonizar, empatizar, ponerse en el lugar del otro.
Ellos le gritan a la cara que el dinero no tiene que ser condicionante para formar personas más completas, integrales, mejor educadas.
Le cuentan que la educación si puede ser gratuita, y que se tiene que costear en base a los ingresos de las grandes empresas, de su productividad, beneficio del conocimiento de aquellos que surgieron de las propias aulas.
Le estrujan que Chile ha cambiado, que la riqueza es mayor que hace tres décadas, pero se multiplica siendo patrimonio de la minoría.
Le increpan que nuestro país seguirá siendo un país pobre para los pobres y muy generoso para quienes han accedido a los beneficios del mercado libre, si el dinero es el comienzo y el fin para un estudiante que recibe una pésima educación.
Levantan la voz, por supuesto, pero él no lo entiende.
No culpo a Piñera por creer que sus medidas para mejorar la educación representan un avance significativo para calmar las demandas. No lo culpo por pensar que una inyección de recursos cura una enfermedad con diagnóstico superficial.
No lo culpo porque simplemente no es capaz de ver el cuadro completo, no distingue la forma del fondo, tampoco sus asesores, ni el ministro de educación, porque todos fueron moldeados bajo otra lógica.
Sus valores no son los valores de la mayoría. Se mueven en paradigmas construidos con otros materiales: Piensa que hay algunos elegidos que por su empeño y trabajo han logrado surgir. El país con su capital social y económico tiene que estar a su servicio. En este caso, el dinero y bienestar se conjugan muy bien con la codicia, bien solapada, pero codicia al fin. Esta forma de ver la vida tiene dos contradicciones: se escuda en una educación escolar y universitaria que eterniza las diferencias sociales, y está basada en una fuerte competencia (siempre alguien saldrá perjudicado).
En su modelo mental acepta plenamente que si el estado chileno, el país, la patria (como les gusta etiquetar valóricamente a este pedazo de tierra) necesita ciudadanos educados y formados para brindar crecimiento y desarrollo común, estos tienen que endeudarse por el resto de sus vidas para lograrlo.
Sí, es una estupidez, pero todos nosotros también lo reconocemos como normal. Así como aguantamos también que el argumento de peso sea: Más estudiantes con acceso a las universidades = modelo actual exitoso.
Puede que nos hayan visto la cara de estúpidos, pero en realidad la carencia intelectual no está de nuestro lado.
Deberán pasar unas cuantas generaciones para que la mente colectiva (inelástica por el momento) de la clase política y la oligarquía financiera ligada a ella, pueda rechazar por convicción la segregación educativa, la discriminación (social y de género), lo bajos sueldos y la inequidad. Falta un salto de conciencia.
Para quienes crecimos escuchando de nuestra sociedad que teníamos que estudiar en la Universidad para ser profesionales, nos faltó parte del relato; nos faltó la justificación que ello conlleva. Por qué estudiamos? Para qué? Para quién? 30 años después estamos en las mismas, y las autoridades, lamentablemente, no han logrado estar a la altura.

La introspección de Piñera

Nuestro presidente tiene que calibrarse. Debe tomar las movilizaciones de los estudiantes como una oportunidad para cambiar su propia visión del valor del ser humano. Sintonizar, empatizar, ponerse en el lugar del otro.

Ellos le gritan a la cara que el dinero no tiene que ser condicionante para formar personas más completas, integrales, mejor educadas.

Le cuentan que la educación si puede ser gratuita, y que se tiene que costear en base a los ingresos de las grandes empresas, de su productividad, beneficio del conocimiento de aquellos que surgieron de las propias aulas.

Le estrujan que Chile ha cambiado, que la riqueza es mayor que hace tres décadas, pero se multiplica siendo patrimonio de la minoría.

Le increpan que nuestro país seguirá siendo un país pobre para los pobres y muy generoso para quienes han accedido a los beneficios del mercado libre, si el dinero es el comienzo y el fin para un estudiante que recibe una pésima educación.

Levantan la voz, por supuesto, pero él no lo entiende.

No culpo a Piñera por creer que sus medidas para mejorar la educación representan un avance significativo para calmar las demandas. No lo culpo por pensar que una inyección de recursos cura una enfermedad con diagnóstico superficial.

No lo culpo porque simplemente no es capaz de ver el cuadro completo, no distingue la forma del fondo, tampoco sus asesores, ni el ministro de educación, porque todos fueron moldeados bajo otra lógica.

Sus valores no son los valores de la mayoría. Se mueven en paradigmas construidos con otros materiales: Piensa que hay algunos elegidos que por su empeño y trabajo han logrado surgir. El país con su capital social y económico tiene que estar a su servicio. En este caso, el dinero y bienestar se conjugan muy bien con la codicia, bien solapada, pero codicia al fin. Esta forma de ver la vida tiene dos contradicciones: se escuda en una educación escolar y universitaria que eterniza las diferencias sociales, y está basada en una fuerte competencia (siempre alguien saldrá perjudicado).

En su modelo mental acepta plenamente que si el estado chileno, el país, la patria (como les gusta etiquetar valóricamente a este pedazo de tierra) necesita ciudadanos educados y formados para brindar crecimiento y desarrollo común, estos tienen que endeudarse por el resto de sus vidas para lograrlo.

Sí, es una estupidez, pero todos nosotros también lo reconocemos como normal. Así como aguantamos también que el argumento de peso sea: Más estudiantes con acceso a las universidades = modelo actual exitoso.

Puede que nos hayan visto la cara de estúpidos, pero en realidad la carencia intelectual no está de nuestro lado.

Deberán pasar unas cuantas generaciones para que la mente colectiva (inelástica por el momento) de la clase política y la oligarquía financiera ligada a ella, pueda rechazar por convicción la segregación educativa, la discriminación (social y de género), lo bajos sueldos y la inequidad. Falta un salto de conciencia.

Para quienes crecimos escuchando de nuestra sociedad que teníamos que estudiar en la Universidad para ser profesionales, nos faltó parte del relato; nos faltó la justificación que ello conlleva. Por qué estudiamos? Para qué? Para quién? 30 años después estamos en las mismas, y las autoridades, lamentablemente, no han logrado estar a la altura.

En estos tiempos de luchas mentales, no olviden el inicio de la alienación chilena por el dinero. “El milagro de Chile”, como lo llamó Milton Friedman, moldeó la forma de percibir el trabajo, la educación, la salud, nuestra vida y valores > La Doctrina del Shock.